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¿Alguna vez te has preguntado qué ocurre cuando regresamos a los lugares que hemos mantenido cerrados en nuestra mente? La ciencia nos dice que los recuerdos no desaparecen; más bien, se distorsionan con el tiempo, moldeados por la evolución de nuestra mirada. La bóveda: en busca de mi niñez cubana no solo cuenta una historia. Obliga al lector a confrontar sus propias «bóvedas», esos compartimentos mentales en los que el pasado permanece esperando ser reabierto.

Al igual que un neurólogo que explora el hipocampo —en donde se almacenan los recuerdos a largo plazo—, el libro invita a entrar a un espacio en el que el pasado no es estático ni del todo confiable. Plantea una pregunta clave: cuando reexaminamos nuestra historia, ¿encontramos la verdad o, simplemente, otra versión de un relato largamente ensayado?

Una narrativa de capas que se revelan

Este no es un simple paseo por la memoria. La obra construye su narrativa por capas; como un arqueólogo que limpia reliquias, cada capítulo revela algo que había quedado enterrado, ya sea de manera deliberada o por el paso del tiempo. El estilo narrativo refleja el proceso de recuperación cognitiva: fragmentado en ocasiones, profundamente introspectivo, pero finalmente revelador.

Es inevitable sentir una especie de déjà vu al leerlo. El libro toca algo universal y nos recuerda que, aunque el pasado es inmutable, nuestra relación con él no lo es.

La ciencia emocional de la nostalgia

Investigadores de la Universidad de Southampton han señalado que la nostalgia no es solo sentimentalismo: cumple una función emocional al reforzar nuestra identidad y sentido de continuidad. El tratamiento que el libro hace de la nostalgia resulta especialmente interesante porque, lejos de idealizar el pasado, invita a enfrentarlo con todas sus imperfecciones.

Existe un delicado equilibrio entre la añoranza y el ajuste de cuentas. Los personajes —o las personas reales, según se lea la obra— recorren su historia con plena conciencia de que la memoria puede ser poco fiable, pero también extraordinariamente poderosa.

Aportes constructivos

En esencia, La bóveda: en busca de mi niñez cubana no se trata solo de recordar, sino de reconciliarse. El lector concluye con una idea profunda: el pasado no es algo a lo que debamos aferrarnos ni de lo que debamos huir, sino algo con lo que aprendemos a negociar.

El libro fomenta, de manera sutil, la flexibilidad cognitiva, esa capacidad psicológica de cambiar de perspectiva. En un mundo en el que el pensamiento rígido suele dividirnos, esta enseñanza por sí sola convierte la obra en una lectura valiosa.

Advertencia de contenido

Aunque el libro es accesible para un público amplio, explora temas de memoria, introspección personal y posibles conflictos no resueltos. Quienes consideren emocionalmente desafiante la reflexión profunda o la revisión del pasado, podrían abordarlo con una preparación previa.

Reflexión final: una llave literaria al baúl Algunos libros entretienen, otros informan y unos pocos nos desafían a pensar de otra manera. La bóveda: en busca de mi niñez cubana pertenece a este último grupo. No exige amar el pasado, pero sí enfrentarlo. Ya sea como exploración personal o como reflexión sobre la naturaleza de la memoria, es un libro que perdura mucho después de cerrar la última página.

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¿Qué se necesita para recuperar una infancia que apenas se recuerda? ¿Puede un solo viaje reparar toda una vida de silencio? En La bóveda: en busca de mi niñez cubana, Mario Cartaya nos invita a un emotivo regreso a sus raíces y nos ofrece un poderoso testimonio sobre la memoria, la identidad y la sanación.

¿De qué trata el libro?

Mario Cartaya, nacido en La Habana en 1951, huyó de la Cuba comunista junto a su familia cuando apenas tenía nueve años. Durante más de cinco décadas, esos primeros años permanecieron encerrados en una «bóveda» del subconsciente hasta que, finalmente, regresó a la isla en 2016.

El libro narra su semana en Cuba recorriendo antiguos hogares, escuelas, cementerios familiares y patios de juego olvidados. A medida que camina por estos espacios, Cartaya abre su baúl de la memoria, reaviva verdades emocionales y sana heridas del pasado.

Con una narrativa vívida y evocadora, Cartaya entrelaza recuerdos personales con contexto histórico, recreando escenas de risas infantiles, el dolor de la separación y la experiencia casi irreal del regreso. Es más que una memoria personal. Es la búsqueda de una identidad perdida y una reflexión sobre el poder de reconciliarse con el pasado. Al reconectar con familiares desconocidos e historias nunca contadas, emerge un relato universal acerca de la pertenencia, la reconciliación y el redescubrimiento del alma.

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Entre otras cosas, una bóveda es un lugar en donde se guardan objetos preciados. También puede ser un sitio de descanso final para los muertos. Para Mario Cartaya, autor de las inspiradoras memorias La bóveda: en busca de mi niñez cubana, es ambas cosas.

Acompañe a Mario en su regreso a su patria, Cuba, viajando desde el sur de la Florida en compañía de sus grandes amigos José y George.

Cartaya, un escritor competente y un agudo observador tanto de su vida interior como de los acontecimientos geopolíticos, dejó Cuba a los nueve años junto a sus padres y su hermano mayor. Ahora, cincuenta y seis años después, regresa para ver lo que quedó atrás.

El exilio forzado de la familia fue consecuencia de los hechos de 1959: la imposición del régimen de Fidel Castro y un enfrentamiento casi fatal entre el padre de Cartaya y el nuevo gobierno. La partida, que implicó la dolorosa separación de amigos y familiares queridos, dejó profundas cicatrices, magistralmente desenterradas cuando Cartaya se adentra en su «bóveda» inconsciente y recupera los recuerdos de toda una vida. El resultado es profundamente terapéutico.

Dante sobrevivió a su viaje al inframundo gracias a su ingenioso guía Virgilio. El Virgilio de Cartaya es Maidel, un joven conductor cubano que acompaña al trío por La Habana y más allá: un tesoro de lugares y paisajes casi olvidados que realinean a Cartaya con su pasado desplazado. En el proceso, los lectores reciben múltiples deleites: las descripciones de la comida, la música y el verdor exuberante de las plantaciones, así como de las playas y montañas, rivalizarían con cualquier guía de Fodor’s o Michelin.

Hay memorias y, luego, están las memorias excepcionales. La bóveda: en busca de mi niñez cubana eleva claramente el estándar. La escritura es culta y, al mismo tiempo, cercana, siempre guiada por la inteligencia aguda y perspicaz del autor. Los intercambios entre los «muchachos» y Cartaya son, a la vez, exuberantes y melancólicos: no es raro que lo llamen «viejo» (tiene sesenta y tres años juveniles) o que pongan a prueba su moral con bromas sobre la tentación (mujeres jóvenes y bebida). Pero Cartaya siempre mantiene el control. Su itinerario, que incluye revisitas sistemáticas a sus antiguas casas, su escuela de infancia, plazas nacionales y monumentos, está cuidadosamente planeado de principio a fin. La revelación del pasado beneficia tanto al autor como a sus lectores.

Se trata de un libro ambicioso y sumamente eficaz. Junto a magníficas fotografías y anécdotas entrañables, vemos la Cuba actual desde la perspectiva, a veces amarga, de quienes se vieron obligados a huir. Para muchos, Castro fue simplemente otro déspota, como lo había sido Batista antes que él. La pobreza sigue siendo endémica en la isla; eso, al parecer, no ha cambiado. El libro es también un conmovedor testimonio de cómo un hombre afronta con maestría la separación, la pérdida y la muerte. Al final del día —y del libro—, Cartaya queda profundamente marcado por la resolución heroica de su padre para rescatar a su familia del caos. El amor del autor por su familia (pasada y presente), sus dos países y su historia personal da vida a cada una de sus páginas.

Pacific Book Review


La bóveda: en busca de mi niñez cubana es la historia de Mario Cartaya y su reconexión con sus raíces tras pasar décadas lejos del país en donde nació. Mario vivió los primeros nueve años de su vida en Cuba y allí comenzó a formarse su identidad.

Debido a la agitación política, se vio obligado a huir del país junto a sus padres y su hermano el 13 de noviembre de 1960. Como estudiante extranjero en Estados Unidos, Cartaya tuvo dificultades para adaptarse, pero finalmente se graduó de la Universidad de Florida y se convirtió en un arquitecto estadounidense seguro y optimista.

Décadas más tarde, sintió la necesidad de reconectar con su pasado y con la identidad que había dejado atrás en Cuba. En su autobiografía, Mario relata cómo sus viajes por la isla despertaron recuerdos y comparte las numerosas y gratas sorpresas que experimentó al recorrer, uno a uno, lugares cargados de nostalgia.

Para escribir unas memorias auténticas es necesario conocerse a sí mismo y entender de dónde se viene. Este libro revela que Mario Cartaya está en sintonía con su verdadero ser, aceptando tanto su identidad pasada como la presente. Muestra cómo las personas, los lugares y las experiencias que encontró le ayudaron a reconectar con su herencia y su infancia, integrando esos recuerdos de manera natural con su experiencia de viaje más reciente.

Lo vemos como un niño que amaba el béisbol y a su familia, y que se involucraba en travesuras divertidas y audaces. El libro también ofrece un análisis inteligente de la situación política y social de la Cuba actual y su comparación con etapas anteriores de la historia.

La bóveda: en busca de mi niñez cubana es una lectura imprescindible. A lo largo de sus páginas, el lector comprende el valor de reconectar con los recuerdos más preciados y con los acontecimientos que influyeron en la vida temprana.

Readers´ Favorite

Foluso Falaye


Los temas de la familia, la perseverancia y la cultura caracterizan las memorias de Mario Cartaya en este libro debut.

El autor inicia su relato con una dedicatoria a su padre, un hombre trabajador que condujo a su familia a un lugar seguro en Miami, Florida, como consecuencia del caos de la Revolución cubana. Este homenaje sencillo y poderoso anticipa la determinación de Cartaya de contar su historia con una honestidad directa y sin artificios.

En Cuba, Mario Cartaya disfrutó de una infancia despreocupada, rodeado de su familia, hasta que el exilio político se impuso tras la negativa de su padre a obedecer órdenes militares de entregar los libros contables de su empresa. Obligada a huir en 1960, la familia Cartaya dejó atrás a seres queridos, las tradiciones y la única vida que conocía, viéndose forzada a adaptarse, de manera abrupta, a la cultura estadounidense.

Sintiendo aislamiento e invisibilidad, Cartaya creó una «bóveda» herméticamente cerrado de recuerdos dolorosos y una profunda añoranza por su hogar que permaneció sin abrir durante cincuenta y seis años hasta que, ya adulto, se sintió preparado para examinar su pasado y reencontrarse consigo mismo en el proceso.

Las memorias se dividen en siete partes, una por cada día que el autor pasó en Cuba durante su viaje de regreso. En esas jornadas largas y llenas de acontecimientos, Cartaya y un pequeño grupo de amigos leales recorren las huellas de su infancia: antiguas casas familiares, tumbas de seres queridos, sitios históricos y hermosas playas. Cada lugar evoca recuerdos agridulces.

Gracias a una prosa equilibrada y franca, acompañada de algunas fotografías, probablemente tomadas por Cartaya y su familia cercana, que ayudan a visualizar su vida pasada y presente, el autor conduce al lector por un viaje de «recuerdos, identidad, humanidad y sentimientos» desde su niñez. Asimismo, ofrece breves destellos de la cultura y la política cubanas actuales.

Muchos lectores se identificarán con su impulso por encontrarse a sí mismo y, quizá, se sientan inspirados a revisitar sus propias infancias mientras leen: «Si tu camino hacia la individualización… es usurpado por un acontecimiento tan poderoso que cambia la trayectoria de tu vida, arrojándote a una nueva realidad donde las verdades sobre las que construiste tu vida dejan de aplicar, ¿qué sucede entonces contigo?»

Un viaje autobiográfico satisfactorio y conmovedor.

KIRKUS REVIEWS

CEO, ABC Company


Mario Cartaya captura el corazón de la diáspora cubana en estas conmovedoras memorias sobre su regreso, después de cincuenta y seis años, al país en donde nació.

Nacido en La Habana en 1951, el autor huyó del país junto a su familia ocho años más tarde. Este traumático desarraigo tuvo repercusiones a lo largo de toda su vida, tanto para él como para los suyos.

Aunque alcanzó un gran éxito en los Estados Unidos, cuando los viajes a Cuba se hicieron posibles durante la administración de Barak Obama sintió nuevamente el llamado de su tierra natal. Emprendió, entonces, el viaje de regreso deseoso de visitar los lugares de su infancia con la esperanza de encontrar cierre, conexión y serenidad.

Esta crónica de su viaje a Cuba junto a tres fieles amigos está llena de descripciones ricas y detalladas de barrios, sitios culturales y maravillas naturales. A medida que Cartaya se desplaza de un lugar a otro, va desenterrando recuerdos alegres y dolorosos, profundamente guardados en la «bóveda» de su corazón y de su mente.

El autor dedica un capítulo cautivador a cada día de su viaje de siete días. En cada sitio que recorre narra historias de su pasado y reflexiona sobre el presente. En el camino, hace las paces con su historia y parece encontrar consuelo al reencontrarse con su yo más joven en las calles de La Habana.

Profundamente nostálgica y en constante búsqueda, la escritura de Cartaya es honesta y absorbente. Escribe con claridad y sensibilidad, y enfrenta con valentía el dolor causado por fuerzas históricas fuera de su control.

Su búsqueda de cierre resulta admirable y está siempre impregnada de alegría al celebrar lo mejor de La Habana junto a sus amigos en clubes nocturnos, restaurantes y playas. El café cubano, la música y la cultura se exhiben plenamente mientras Cartaya actúa también como un guía de viajes conocedor de una Habana recién reabierta.

The US Review of Books